Por: Rodrigo Callejas Bedoya
La tradición es un legado cultural
transmitido entre generaciones que forja identidad, pertenencia y orden social,
transmitiendo valores, costumbres y narrativas; rompe sus límites cuando se
vuelve creencia, obstaculizando el pensamiento crítico y la adaptación social, creando
malestar, impidiendo el progreso, generando injusticias o desconectando a las nuevas
generaciones de la realidad perdiendo su verdadera esencia, lo que deriva en
libertinaje.
"Tradición o libertinaje"
presenta un conflicto entre seguir normas establecidas y actuar sin límites,
donde la tradición implica valores culturales y normas sociales, mientras el
libertinaje es el abuso de la libertad, actuando sin respeto por la ética, la
ley o los demás, llevando al extremo la individualidad sin responsabilidad. La
clave está en la diferencia entre libertad (actuar sin imposición, pero con respeto)
y libertinaje (actuar violando todos los preceptos
, afectando a otros), siendo el
libertinaje una falta de control que se opone al orden social y ético que la
tradición a menudo busca resguardar.
Se llega al libertinaje de manera fácil y quien lo ejerce no entiende
el daño que causa esta práctica; se cree que hacer lo que uno quiere sin
restricciones (drogas, licor, promiscuidad, etc.) es libertad, pero es solo
satisfacción momentánea que lleva a más necesidad. Lo que termina en ignorar
deberes y normas sociales es visto como libertad, pero genera desorden, caos y
falta de respeto; quien se mantiene en el libertinaje, permanecerá y fomentará,
deseará que subsista el desorden, allí no tendrá control, le servirá de caldo
de cultivo para sus intereses, pues no atiende ni entiende y pretenderá hacer
lo que se le dé la gana; los libertinos se hacen o pretenden ser fuertes
ejerciendo tal actitud en su entorno.
El libertinaje, hoy por hoy, se
constituye en un problema de gran magnitud no solo para la familia, también
para las autoridades; se dice: educad al niño y no castigareis al hombre. ¿Por
qué no se practica? Para formar ciudadanos ejemplares, es menester impulsar el
emprendimiento de la transformación social; todo ello, a mejorar la calidad de
vida en sociedad, mediante un trabajo de planeación y estrategias focalizadas
con relación armónica y constructiva.
A la libertad se le ha considerado
como una demostración del libre albedrío; el uso libre de la voluntad para
actuar o manifestarse sin censura, pero no es así; muy a pesar de que los
artículos 13 y 20 de nuestra Carta Magna los consagra para todos, son
limitados, tienen su tope; lo demás es abuso, excederse; así de sencillo y
deberá tener una respuesta a ese comportamiento anómalo; lo reprenderá o lo
educará la sociedad, o lo castigará la justicia. El libertinaje hoy en boga,
mantiene en zozobra a nuestra sociedad y de qué forma; ese flagelo social
carcome y permea el seno de la familia y el entorno; son los padres y las autoridades
los llamados a contribuir con entereza a la solución de este problema que se
incrementa cada día.
Sin lugar a duda el libertinaje es un
hecho lamentable, preocupante e inocultable que brilla con luz propia y en
forma negativa a nivel global; esta actitud desenfrenada encuentra fortaleza en
el exceso de condescendencia y tolerancia de los padres que muchas veces no
saben dónde están sus hijos, que hacen, con quien se relacionan, a qué horas
llegan, comen o no, están inmerso en conductas delictivas. Los padres deben ser
celosos, vigilantes de las actuaciones de sus hijos, serios y comprometidos en
el cumplimiento de deberes y obligaciones.
En virtud de lo anterior, todos,
absolutamente todos debemos asumir roles de responsabilidad que permitan
encontrar fórmulas y consensos necesarios con una visión de futuro, que
contribuyan a una verdadera integración dentro de la órbita de diversas
competencias sin discriminación, sectarismo y exclusión y sobre todo fijando
límites claros y consistentes.
Debemos crear un norte definido, que
sirva de apertura a procesos de formación y capacitación en aras de fortalecer
la cultura, la decencia y las sanas costumbres.
Este debe ser un componente
colectivo, cultural y emocional que nos impulsa a corregir al niño desde sus
primeros años, para que cuando sea adulto logremos la cosecha de una semilla
selecta. Los jóvenes de hoy deben cumplir con pulcritud los principios básicos
y elementales del respeto, la tolerancia y la sana convivencia; sobre todo el
cumplimiento de sus compromisos como seres humanos enseñando a entender entre
libertad genuina (con responsabilidad) y libertinaje (falta de control y
respeto por los demás).
